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El trabajo que viene: Las consecuencias

La adopción generalizada de la teoría del capital humano esconde muchos problemas. Entre ellos:
1. Según un estudio de 2016 de la Resolution Foundation, los trabajadores autoempleados cobran menos en la Inglaterra de ese año que lo que un trabajador medio percibía en 1994. Igualmente, los autónomos han perdido un 22% de sus ingresos desde 2008 hasta 2014, y las condiciones reales en las que desempeñan su trabajo provocan que no tengan ni derecho a baja ni a vacaciones y no puedan contribuir a su pensión.
2. Como se trata de un escenario en el que ser humano es empresario de sí mismo, las fronteras tradicionales entre el tiempo de trabajo y el de ocio se desvanecen. Cuando se está inmerso en un proyecto que tiene fecha de entrega, o cuando la tarea requiere presencia o actividad, no tiene sentido que el empleado no esté pendiente, sea el día o la hora que sea. El síndrome de estar quemado o el sobretrabajo son inevitables, asegura Fleming.
Los trabajadores asumen costes que no les competen, como la adquisición de material para realizar el trabajo, software, desplazamientos…
3. El trabajo gratis es también una consecuencia. En varios sentidos. El flexiempleado puede trabajar en festivos o realizar horas extra sin que sean retribuidas, ya que la economía y la vida se han convertido en lo mismo. En otro sentido, realizar tareas no remuneradas esperando que generen rentabilidad en el futuro es una de las constantes de nuestro tiempo.
4. Los trabajadores asumen también costes que no les competen. Por ejemplo, adquisición de material con el que realizar el trabajo, software, desplazamientos para realizar las tareas, etc. El caso extremo sería Uber, donde el empleado (“socio”) debe asumir todos los gastos, desde la licencia para operar hasta el del mismo vehículo, sus reparaciones, el carburante, etc.
Solo un pequeño grupo de individuos que provienen de familias ricas pueden ser contratados en los mejores empleos
5. La formación es un ámbito esencial para las empresas contemporáneas, porque los trabajos, y más los de alto valor añadido, exigen una cualificación especial. Pero al depender todo de la predisposición de los empleados, son ellos los que deben invertir en ser más atractivos a los ojos de las firmas, tanto para ser contratados en las primeras etapas laborales como en las últimas. Igualmente, si se requieren habilidades añadidas en las etapas intermedias, queda en manos del trabajador que quiera gastar tiempo y dinero en hacerse más deseable. Como afirmaba Becker, que las compañías destinen recursos a estos objetivos es irracional, porque en un mercado competitivo son los optantes al puesto o los que pretendan ascender quienes los cubran. Del mismo modo, Friedman insistía en que tampoco el Estado debía gastar en este terreno, porque no sería más que un regalo que hacen quienes pagan impuestos a desconocidos que no han sabido acumular capital humano.
6. La innovación, que es en teoría la base del sistema, se ve afectada por esta dinámica, porque no se recluta a los mejores, sino a aquellos que han podido pagarse la formación. Es un entorno claramente desigual, porque “sólo un pequeño grupo de individuos que provienen de familias ricas pueden ser contratados en los empleos que requieren un conocimiento especial”. La sociedad termina partiéndose en dos, porque al conseguir las personas con más recursos los puestos mejor pagados, las desigualdades se perpetúan. Además, quienes carecen de capital para formarse en aquellas instituciones que garantizan el acceso, tienden a endeudarse, algo muy común en el ámbito anglosajón, y a menudo quedan presos de esas deudas.
Los empleados están mucho más monitorizados, supervisados y controlados que antes. El self-management se convierte en su contrario
7. Las sociedades que respaldan la teoría del capital humano ponen en peligro su crecimiento. La vieja predicción de que las sociedades postindustriales generarían una enorme revolución en el conocimiento y en la formación parece cómica hoy, afirma Fleming, porque la mayoría de la gente está empleada en trabajos mal pagados que requieren baja cualificación, y sólo un grupo de afortunados puede alcanzar los puestos intelectualmente más exigentes y mejor remunerados.
8. Este contexto de la responsabilización radical exige mucha más vigilancia. Se puede pensar en los hombres como agentes libres en el mercado de trabajo, sin que nadie determine cómo y cuándo realizan sus tareas, pero la realidad es que los empleados están mucho más monitorizados, supervisados y controlados que antes. El self-management se convierte en su contrario.
La teoría del capital humano, la que está dando forma a nuestra sociedad laboral, no es más que un conjunto de ideas procedentes de la economía neoclásica que no están funcionando. Pero eso no es obstáculo para que los gobiernos la sigan en sus políticas de formación, las empresas las apliquen en su gestión cotidiana y el trabajador la interiorice pensando que su fracaso laboral es culpa únicamente suya.  

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de Bytwelve Publicado en Martin

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