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El trabajo que viene

Las formas de gestionar las empresas ha ido cambiando sustancialmente a lo largo de las últimas décadas. Las fábricas del taylorismo requerían una estructura burocrática con los procesos bien delimitados, donde el trabajador simplemente debía hacer lo que le pedían y en la forma en que se lo exigían. Tras comprobar que el conocimiento recogido a través de la experiencia por los empleados podía ser más útil que el cumplimiento a rajatabla de las órdenes, se les concedió mayor libertad porque entendieron que así serían más productivos. Era el tiempo de la autonomía responsable, del cumplimiento de los objetivos a través de un grado mayor de iniciativa personal.
En la época de auge de la cultura corporativa, particularmente durante los años 90, la identificación del empleado con la firma fue un instrumento de motivación muy evidente. Al existir vínculos emocionales con el trabajo y con la compañía, los equipos buscaban la excelencia por propia iniciativa. La comunidad de intereses entre los asalariados fieles a la idea de la firma y los objetivos de esta era continuamente promovida, en ocasiones por caminos un tanto torcidos.
Se estima que en pocos años la fuerza laboral estará compuesta por un elevado porcentaje de autónomos y falsos autónomos

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de Bytwelve Publicado en Martin

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