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El fraude financiero en las grandes corporaciones: la valoración de los intangibles.

Una empresa puede tener una marca valiosísima y ese valor no se refleja en las cuentas anuales, por citar un ejemplo. Pero no es solo intangibles, porque un inmueble es tangible, pero se puede anotar por el valor de tasación o por el de mercado, y hay una diferencia bastante importante, en algunos casos de millones de euros.
Las empresas tienen entre 150 y 200 apartados en su contabilidad que dependen directamente de estimaciones. Teniendo en cuenta que la mayor parte del maquillaje de cuentas se hace de modo legal, interpretando agresivamente el reglamento. Hay estudios que demuestran que entre un 30% y un 50% de las empresas del mundo engordan o adelgazan sus balances a placer dentro del marco legal. Y en Estados Unidos, por citar un caso concreto, la mitad de las compañías cotizadas reformulan sus cuentas por errores contables. Otro dato que aporta un estudio de Ernst & Young de 2015: el 42% de los altos directivos cree que las empresas manipulan su contabilidad.
Los maquillajes empezaron en la década de los ochenta, cuando Olympus quedó fuertemente afectada por la caída del yen. A partir de ese momento, los financieros intentaron recuperar las pérdidas con operaciones especulativas con divisas que fueron aumentando más las pérdidas. Durante los años 90 se dejaron 1.700 millones de dólares solo en este tipo de operaciones.
Inicialmente las pérdidas se camuflaron aplicando una norma contable japonesa que permitía que los activos financieros fuesen contabilizados a costes históricos en lugar de valorarse a valor de mercado (cuando este era inferior). En 1997, la normativa fue modificada adoptando el valor razonable como parte de la implementación de las NIIF (Normas Internacionales de Información Financiera). Los encargados de la contabilidad sabían que se verían forzados a revelar el valor real de los activos deteriorados que tenían. Por ello, en 1998, con la aprobación del presidente Kikukawa hicieron varias prácticas para ocultar las pérdidas: trasferencia de activos sin valor a empresas fantasma de Islas Caimán y compra de empresas a precios inflados para cuadrar las cuentas.
Los primeros avisos de estos fraudes llegaron en 2009 cuando la auditora KPMG detectó que las empresas compradas por Olympus estaban contabilizadas a valores muy superiores a los reales. El 29 de septiembre el ejecutivo inglés Michael Woodford, que llevaba más de treinta años en la empresa y era el responsable de Olympus en el Reino Unido, fue destinado a Tokio y nombrado director general para recortar gastos. Poco después, Woodford reclamó el puesto de consejero delegado para poder investigar el caso a raíz de unas filtraciones que le llegaron sobre movimientos financieros dudosos de la empresa. Ante las incongruencias encontradas encargó a PwC que investigase las operaciones que levantaban sospechas. Al conocer la magnitud del problema, Woodford pidió al consejo de administración la destitución de Kikukawa. Inmediatamente fue despedido bajo la justificación de no entender el estilo japonés de gestión. Woodford volvió a Londres ya que temía por su vida.

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de Bytwelve Publicado en Martin

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