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Confirmado: tras las vacaciones, necesitamos un descanso: Escucha a tu estómago

El mayor aumento de matrículas a gimnasios se produce en septiembre… Ni tras la Navidad, ni en esos meses previos de operación bikini; casualmente es después del verano. Y tiene su lógica, podemos llegar a engordar entre uno y dos kilos por cada semana de excesos. Y, en verano, suele ser más de una…

Las paellas en los chiringuitos, el bufé libre de los hoteles, el interminable picoteo entre comidas, la ingesta de alcohol y bebidas gaseosas, las refrescantes sangrías y tintos de verano… Una larga lista de tentaciones justo en el momento en el que menos voluntad tenemos para combatirlas. La evolución nos ha regalado un fascinante proceso digestivo que comienza incluso antes de abrir la boca para asestar el primer mordisco y que, en condiciones normales, dura entre cuatro y seis horas. Pero un atracón veraniego no es algo que podamos calificar como condiciones normales, y procesar una excesiva ingesta conlleva una serie de secuelas asociadas.

El proceso digestivo normal dura hasta seis horas. Pero los atracones tienen poco de normal…

Si se pregunta qué te va a pasar a tu cuerpo después de ese atracón,  los primeros efectos de una gran comilona son esencialmente físicos: el volumen del estómago se estira más de un decímetro cúbico –un litro– inflándose literalmente como un globo y, al aumentar su tamaño, termina por apretarse contra los órganos vecinos regalándole la sensación de que su abdomen va a estallar.

Por otro lado, los mecanismos químicos de la digestión también conllevan gases que aumentan esa percepción de estar inflado. Y para completar la ecuación, el líquido que ingiere, que en verano habitualmente suele consistir en bebidas carbonatadas, suma más dióxido de carbono al proceso, llenando aún más su barriga. Cuando usted dice “estoy lleno”, no está muy lejos de lo que realmente está ocurriendo en su estómago.

Si entramos en los efectos netamente químicos no podemos dejar a un lado la acidez estomacal. Durante la digestión producimos un buen puñado de ácidos, entre ellos el clorhídrico, para descomponer los alimentos. A mayor cantidad de comida, mayor cantidad de ácido, lo que puede terminar irritando el revestimiento del estómago y del esófago dejando esa incómoda sensación de ardor. Determinados tipos de alimentos y preparaciones como los fritos con exceso de aceite, las salsas muy condimentadas o las comidas picantes pueden, además, requerir un esfuerzo extra de nuestra vesícula biliar añadiendo aún más jugos en la digestión. Aunque el proceso digestivo completo dura mucho más, el tiempo de lo que se conoce como vaciado gástrico se sitúa aproximadamente entre cuatro y seis horas.

Los efectos dependerán no solo de la composición de los alimentos ingeridos, sino de la cantidad y, por supuesto, del procesado: alimentos fritos con alto contenido de grasa o procesados como los embutidos o los dulces, pueden alargar varias horas más el vaciado gástrico. Irónicamente, Sánchez no tiene constancia de nadie que haya sido ingresado en urgencias por un atracón de verduras y frutas…

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de Bytwelve Publicado en Martin

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